Dice Houellebecq que el día después de la pandemia, será exactamente igual. Hace años sus libros me produjeron cierta desazón. Razón no le falta si echamos la mirada atrás a los últimos 200 años. ¿Y ahora qué? Llevamos calentándonos como la rana que acaba hervida lentamente en la olla. Estamos recibiendo avisos de que el planeta no da más de sí. Y solo con situaciones como la actual nos paramos a pensar. “Cuando se reinicie todo, seguiremos igual” dice Huoellebcq. Vamos a pensar que no es así. Entonces, ¿qué hacer?

A veces introducir un poco de ficción y distancia puede ayudar a ver los comportamientos que venimos aceptando como lo normal. Si algo de nuestra civilización sobreviviera y fuera revisado años después, resultaría difícilmente justificable el propósito que manejábamos en nuestra vida: acumular papelitos de papel verde, y ya ni eso: apuntes contables en un ordenador central. Este podría ser un recorte de la conversación que surgiera entre historiadoras.

“Envenenaron el aire, el agua y la tierra para acumular papelitos verdes. Las pobladoras de ese planeta se mataban entre sí por esos papelitos. Y cuanto mayor cantidad de papelitos tenían más envenenaban su aire, agua y tierra. Si alguien de las historiadoras que nos estudiara posteriormente pudiera saborear una manzana o una sandía no encontrarían ninguna razón para entender por qué esa gente se empeñaba en envenenar su hábitat natural que les ofrecía esos manjares a cambio de nada, y disminuían sus preciados papelitos verdes pagando comida de plástico, pagando por ella.  Alguna de ellas podría añadir si nadie se le ocurrió parar… Otra dijo: “parece que estaban esperando a obtener energía limpia e infinita”. Y otra por el fondo añadió que: “sí que había gente que se preocupaba por ello y no entendía lo que hacían con sus vidas. Esa gente pensaba que estaban solo de paso por el planeta y que su deber era posibilitar que otros pudieran disfrutar de él. Los más afortunados del norte pensaban que vivían en el paraíso y daban constantes gracias por ello, pero la mayoría solo sentía miedo por el futuro: por cuantos papelitos verdes necesitaría y sobre todo por el miedo a perder los que tuviera.”

“A los guardianes de los papelitos y de sus imprentas, proseguía otra historiadora, en su sistema de creencias pensaban que les iban bien las cosas así. No deseaban que la gente pensase, sino que comprase. Lo que fuera. Hubo un prohombre de esa época que afirmaba con sorna: “cuando pido unos brazos para trabajar, me llegan acompañados de una cabeza [y eso no lo he pedido]…” Se llamaba Henry Ford. Con el tiempo ya no se necesitaron ni brazos ni cerebros, solo robots e inteligencia artificial. Ambos configurados por las corporaciones dominantes con lo que las preguntas se auto respondían impidiendo nuevas formas de soluciones fuera de lo corporativo. En aras de la tecnología se dejó de pensar. Incluso era molesto.”

Los pensadores contracorriente se dieron perfecta cuenta de que si no salían de esa rueda de pensamiento único, no había salida posible. ¿Cómo llegar a ese pensar vivo en contraposición de ese otro pensar en lo productivo-eficiente atados al pasado? Si querían cambiar y recuperar el mundo para la vida y el respeto, debían afrontar los retos desde un punto de vista radicalmente nuevo que permita dejar atrás lo caduco y la violenta destrucción de nuestra casa. Una nueva realidad y una nueva cultura era precisa para poder afrontar el futuro. La cultura es fundamental en el cambio, dice Peter Druker que “la cultura desayuna estrategia todos los días: la estrategia es una commodity y la ejecución un arte”.

Volviendo de la digresión, nuevas preguntas deben aflorar para afrontar los retos de hoy mismo.  ¿Cuál es la acción correcta? ¿Cómo satisfacer mi yo esencial, y mi sentido en él? Respondiendo primero individualmente a estas preguntas es muy posible que encontremos alguna respuesta que podamos ir aplicando en el día a día y juntarnos con otros que lo hagan también. Poco a poco, día a día.

‘- Bueno, bueno ¡despierta escritorcillo! “Que mi país está en peligro, y yo tengo que llevar comida a mi casa. Tengo que trabajar y punto y ¡yo por mi hija ma-to!” No hay problema, no todo el mundo está en el momento personal para plantearse estas preguntas, ni el coraje de responderlas. Es posible que más adelante te las plantees, o no. Se trata al menos de no echar la culpa al otro: al empresario, al inmigrante, a Rajoy, a Zapatero, a Simón. Tienes que ver eso: ellos no son tus padres. Eres tú el que tiene que tomar cartas en el asunto. ‘ – “Por eso mismo, colega: hay que tragar”. O no. Puedes intentar trabajar por tu cuenta (el 25% de la población ya trabaja en la economía sumergida): no es ninguna barbaridad. Intenta trabajar en lo que realmente haces bien y date un tiempo.

Cada vez más gente se encuentra con otra de similar nivel evolutivo y un día y otro, van viendo que se compenetran y pueden acabar formando un negocio auto-gestionado. Eso es ya una realidad, solo necesitas poner al frente del carro de tu vida lo esencial. Y ver las oportunidades que te irán surgiendo. No todo el mundo puede verlas, a veces las llevamos a rastras. Y no las vemos. Tampoco te levantas un día y formas un equipo y empiezas a ganar dinero.  Es un proceso que llevará el tiempo preciso para cada cual, probablemente el mismo que la naturaleza utiliza para ofrecer sus frutos. Tiene mucho sentido. Solo tienes que observar. “Observar, observar y observar” Otto Scharmer. Es muy posible que veas florecer en tu interior aquello que marque tu futuro: sería lo más normal. Ese florecimiento de la verdad, de tus bienes profundos, es la cultura esencial a aplicar para que tengas éxito. En tu barrio en tu ciudad, en grupos online, comienza a moverte y encontrar a gente como tú buscando como solucionar su futuro, y el futuro de una forma creativa y respetuosa. El marco ya está creado, siempre abierto a mejoras. Pero existen ya grupos muy simples y efectivos de colaboración a nivel local y provincial. Ese es el tamaño mejor para generar esos círculos en los que no se pierde la identidad y las ideas surgen, se prueban y se ponen en marcha o descartan rápidamente.

EBC. https://www.youtube.com/watch?v=tBEOW7vPdjI Sí se puede.

ODS: https://www.agenda2030.gob.es/es/objetivos Para inspirarte.

Theory U. https://presencing-institute.mn.co/feed; En la práctica y en España: www.facilita.eu

Es otra forma de aprender “en conjunto”. Son organizaciones donde la gente expande a diario sus mejores capacidades para alcanzar los resultados que desea, y no quejarse por los resultados que obtiene y que nadie quiere en el contexto actual. En ese aprender tiene mucho que ver la capacidad de diálogo (en el sentido que David Bohm le da en el cual “un grupo se abre al flujo de una inteligencia más amplia, en conversaciones que toman vida propia llevándonos en direcciones que jamás habríamos imaginado ni planeado”.[1] Ya desde los años 90 se viene confirmando al principio tímidamente y cada vez con más pruebas de ello, que las organizaciones que sobrevivirán serán aquellas que sepan orientar el entusiasmo y la creatividad de la gente que las compone. Por que todos somos creativos y tenemos talentos innatos, pero sobre todo lo que a todos nos gusta es aprender. Desde niños aprendemos con placer. Es una pena ver como miles de personas llevan 10, 20 y 30 años sin aprender nada nuevo, ni para ellos ni para la organización es recomendable. En lugar de potenciar el aprendizaje lo que se investiga son mejores formas de control, algo a posteriori. Algo sobre el pasado. Volvemos a Druker cuando nos sugiere que nos dejemos de tanto plan estratégico, y que “creemos el futuro”. Ningún proceso de control lo hará posible.

¿Y qué disciplinas debemos empezar a cultivar? Podemos empezar con estos: A) pensamiento sistémico. Las organizaciones y sus gentes son sistemas en constante interrelación y que a veces algunas de ellas no son visibles a simple vista. Nosotros mismos formamos parte de otros sistemas mas amplios que de nuevo interactúan y para que procesemos todo ello en información útil para el cerebro (supervivencia) solo nos concentramos en imágenes, en partes aisladas y concretas (urgencias) que me ayudan a sobrevivir pero no a arreglar otras cuestiones más profundas e importantes. El pensamiento sistémico es un cuerpo de conocimiento y herramientas que nos ayuda a aclarar los patrones totales haciéndonos ver las interrelaciones visibles y no tan visibles con las que nos manejamos en las organizaciones. B) dominio personal, es la disciplina que permite aclarar y ahondar iterativamente nuestra visión personal, concentrar las energías, desarrollar paciencia y ver la realidad objetivamente. Casi todos empezamos los trabajos con las más altas miras y energías para irnos marchitando conforme  pasa el tiempo y hasta llegar la plaza del cinismo: unos se centran en trepar, otros buscan fuera de la organización su verdadero propósito. Esto es un derroche y dilución de energía tremendo entre lo que somos y la organización es. C) modelos mentales, son supuestos mentales muy arraigados de por qué se hacen las cosas en el mercado, generalizaciones que la cultura reseca se preocupa por preservar, ya que no conocen otra forma de pensar o actuar. Esta es la principal amenaza para una organización, un punto débil que traspasa la parte interna de cualquier matriz DAFO para aparecer en la parte externa, como amenaza. En realidad el único activo que puede hacer que la empresa sobreviva es la capacidad de aprender. Y es gratis. D) visión compartida. Si aprendiéramos (y quisiésemos) aprender a sacar al aire nuestras percepciones del mundo y las aireáramos con los de la organización, los clientes, proveedores, etc en conversaciones abiertas, de esos diálogos, de esos espejos en los que nos veríamos reflejados todos como en una terapia de grupo, obtendríamos visualizaciones muy potentes consensuadas por todo el grupo sobre cual sería la acción correcta para el futuro. E) aprendizaje en equipo. La gente no rinde lo mejor por que se lo manden: lo hacen por que quieren. Y cuando los equipos aprenden además lo hacen más rápido y lo transmiten con entusiasmo. Tienen en cuenta además cuales son los frenos que detienen el aprendizaje en un equipo, y los hacen aflorar creativamente, los abrazan en conjunto (es una oportunidad para aprender) hasta que se diluyen. El camino varía constantemente, nunca se deja de aprender: siempre estamos a punto de hacerlo algo mejor o algo peor, pero es imposible que nos quedemos en la misma posición. En este punto estaríamos a punto de decir : sí esto son las lecciones aprendidas, pero se llega un punto más lejos. Las lecciones aprendidas por si mismas y aisladas en una FTP son una copia que va perdiendo valor. Se trata más bien de ir generando oleadas de experimentación y progreso en conjunto, haciendo lo posible por integrar el conocimiento con las fuerzas y energías necesarias para llegar al futuro. Serían más bien semillas que se espera que florezcan.[2]

– Caray! ¿Pero como integro toda esa información? no tengo tiempo. Existen diferentes formas de actuar y cada cual debe encontrar la suya. A mi me ha funcionado bien, el proceso Teoría U que imparte en España, Alberto Pardos (facilita.eu). Es una herramienta multiuso que permite integrar dinámicamente, como un flujo, tu interior con el resultado exterior que deseas. En los próximos post os iré dando más información de comenzar con un cambio que solo cada uno puede dar el primer paso.

Si te gustó el post puedes enviarme un correo a: tu-eres-el-cambio@lambrich.es

 

[1] David Bohm, La teoría de la relatividad especial. 1965

[2] Peter Senge, La quinta disciplina

Consigue gratis el Curso de COVID-19 ¿Tu Oportunidad?

Una serie de artículos y entrevistas con las principales consultoras internacionales que asesoran a los Gobiernos y que nosotros analizamos para nuestra supervivencia: esos son sus planes, nosotros tenemos los nuestros. Este curso en su modalidad gratuita no lleva tutorización,

Deja un comentario

Ir arriba
Esta web utiliza cookies, puedes ver aquí la Política de Cookies