El diálogo en las Organizaciones

Resumen: Entre los miembros de un equipo que genera diálogos se crea una atmósfera especial, se presentan los puntos de vista con respeto, mayor gracia y menor gravidez: sin la determinación de ganar. Si cada uno tiene una percepción (la de su realidad personal) sobre una realidad más amplia, e invitan al otro a verlo desde la suya, verán algo que no veían antes.

 

Me parece oportuno señalar que dos eminentes físicos Heisenberg y Bohm hayan publicado excelentes libros sobre la virtud de conversar y dialogar cuando pudiera parecer más una skill de humanidades. En “Más allá de la física: encuentros y conversaciones” Heisenberg nos dice “La ciencia está arraigada en conversaciones. La participación de diversas personas pueden culminar en resultados científicos de suma importancia. Esas conversaciones dejaron una huella imborrable en mi pensamiento ”. Es la constatación del aprendizaje cooperativo: colectivamente somos más agudos e inteligentes de lo que somos individualmente. Así que no sorprende que otro físico David Bohm (que se negó a participar en el proyecto de la bomba atómica y desterrado a UK) sea uno de los pilares del estudio del aprendizaje del siglo 20. Bohm desarrolla una teoría y un método de diálogo en el que “un grupo se abre a un flujo de una inteligencia más amplia”. Es todo un dato también que el diálogo venerado por griegos entre otros, hoy sea algo de poca relevancia real. Todos en alguna ocasión hemos participado de un diálogo que nos ha llevado en una dirección que no habríamos ni imaginado.

Para entrar con el tema, dice Bohm que el propósito de la ciencia no es la acumulación de conocimiento, viendo como vemos que todo conocimiento es incompleto y al final se termina por ver la superación de unas teorías por otras, sino la creación de mapas mentales que guían y modelan nuestra percepción y nuestra acción produciendo una constante interrelación entre naturaleza (realidad independiente del conocimiento) y consciencia (realidad dependiente del conocimiento). Bohm se interesó especialmente por los mares de electrones (propiedades colectivas de las partículas) y el modo en que funciona nuestra mente (con corrientes continuas de pensamientos) y ve en ello la fragmentación y compulsión del pensamiento incoherente que nos lleva a obtener resultados que nadie desea[1].

Es el momento de utilizar el aprendizaje generativo. Nos dice Bohm que existen dos tipos de discursos primarios: la discusión y el diálogo. El primero busca imponerse al contrario. Es un partido de tenis en el que se pueden aprender cosas, pero uno acaba imponiéndose al otro y ese otro puede aceptar la victoria del otro pero no sin resquemor, y desea que hubiese prevalecido su opinión. “El énfasis en ganar es incompatible con la prioridad de la coherencia y la verdad” asevera Bohm. Para modificar ese orden de prioridades se necesita otro tipo de comunicación: el diálogo. Ese diálogo lo asimila Bohm a un arroyo libre de significados que fluye entre dos orillas. En ese diálogo el grupo tiene acceso a una mayor reserva de significado común que no puede obtener individualmente, la gente no está enfrentada ni tampoco interactuando sino que participan de esa reserva común de conocimiento, en constante flujo. Los participantes suspenden sus creencias y prejuicios pero comunican sus supuestos con total libertad. El resultado es una exploración libre y profunda de pensamientos y experiencias personales, pudiendo trascender aquellas. Con un ejemplo se verá mejor: imaginamos a un individuo que participa en el diálogo y tiene un prejuicio sobre otro participante. Todo lo que diga el otro y él mismo estarán contaminados por ese prejuicio, pero él mismo no es consciente de ese prejuicio, si fuera así no lo tendría. Bien, pues somos “como actores que olvidan que están representando un papel, quedamos rehenes de nuestro pensamiento”, si la realidad cambia y no soy consciente, pierdo contacto con la realidad más amplia que se va generando.

En el diálogo aprendemos a examinar nuestros pensamientos, a ver nuestra incoherencia. Puede surgir un conflicto, pero ese conflicto es de nuestros pensamientos y nuestra forma de engancharnos a ellos, no nuestro. Eso nos ayuda a ser menos reactivos y más creativos. También se da cuenta cada uno de la naturaleza misma del pensamiento[2] (esa serie de imágenes del pasado (soy español, católico, de derechas… etc) que van construyendo mi Yo, y que pertenecen a la cultura y tradición de mi entorno) y de su carácter colectivo. Para ello el lenguaje es esencial, es esencialmente colectivo y sustenta el pensamiento tal y como lo conocemos provenientes del cesto de lo culturalmente aceptable. No pensamos por nosotros mismos sino a través de todo el condicionamiento cultural en que vivimos. ¿Es así o no? Sigamos con el arroyo que nos plantea Bohm, “los pensamientos son como hojas lamiendo las orillas de un rio, de vez en cuando recogemos alguna hoja (de las miles que bajan y pasan por nuestra cabeza) y las experimentamos como propios cuando lo que son, es parte del pensar colectivo arrastrado por la corriente”. En el diálogo la gente despierta ese pensar colectivo y  participa de esa reserva de significado común en continuo movimiento y cambio.

Uy uy uy, esto me parece muy complicado… dígame ya: ¿cuáles son los requisitos para establecer un diálogo?

  1. a) los participantes deben suspender sus supuestos, sostenerlos como suspendidos ante sí mismos: no significa que no pueda tener opinión, sino de someterla a examen, de que sus opiniones no son hechos, sino supuestos. Esto es difícil porque el pensamiento nos lleva a pensar que “así son las cosas: que es evidente”
  2. b) los participantes deben verse como colegas, en igualdad, el diálogo abre la puerta a la vulnerabilidad, verse como colegas reduce el riesgo a la exposición, el que manda pierde su privilegio y el que nunca dice nada pierde su comodidad, por último hay que dejar que sucedan las cosas: “jugar”
  3. c) debe haber un facilitador que mantenga el contexto del diálogo. Pero ojo! Nuestros hábitos nos llevan de nuevo a la discusión y enfrentamiento, ¿no pierdo sino mi personalidad? El facilitador debe velar porque se mantenga el diálogo con preguntas como: “¿puede ser que lo que A sostiene sea también posible?

¿Cuándo usar cada uno? Diferencia entre discusión y diálogo. La primera es útil para presentar y defender puntos de vista, mientras que en el diálogo se pretende descubrir un punto de vista nuevo. En una discusión se toman decisiones y se llega a un curso de acción, en un diálogo se exploran asuntos complejos y se llegan a soluciones divergentes y un mucho mejor conocimiento del asunto.

Aquí tenemos un buen propósito: dialogar para abrir una serie de puntos de vista nuevos y divergentes.

Si te ha gustado el artículo puedes enviar un email a: tu-eres-el-cambio@lambrich.es

[1] Sitio común con Otto Scharmer

[2] Ver artículos anteriores de Abril y Mayo 2020

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