¿Por qué no cambiamos?

Es muy fácil que solo al enfrentarnos al conflicto entremos en contacto con nuestro verdadero Yo y tengamos posibilidades de crecimiento. Mientras nada o nadie nos incomoda, ni nos compromete funcionamos con el piloto automático oscilando entre momentos de gran placer sensorial y de gran preocupación estos más mentales (por supuesto también físicos). Intentamos que se repitan al máximo los primeros y pasamos cuanto antes los segundos. Sin embargo, es casi siempre en los segundos cuando se entreabre una puerta al crecimiento, pero casi nadie la traspasa. Dice los budistas que debes dar gracia si en tu vida diaria tienes que lidiar, por ejemplo, con personas difíciles porque eso te da la posibilidad de practicar la paciencia. Amar lo agradable del otro (que tú percibes) es fácil, lo desagradable (que tú percibes) ya no tanto. Y claro… ¿qué percibe el otro?

Merece la pena poner la atención en sobre el asunto del cambio, el conflicto y por qué no los aprovechamos para avanzar tanto personal como organizativamente.

  1. Una de las razones por las que no cambiamos es el miedo. Ello nos lleva a intentar obtener una seguridad psicológica que demandamos previamente a iniciar cualquier actividad y que en realidad nos impide obtener seguridad física. Y qué es la seguridad psicológica: algo a lo que aferrarnos, si algo va mal. Pensamos que nos va a dar estabilidad, cuando esta no existe. Pero no lo vemos (tal vez en estos días sí, pero veremos cuanto nos dura). Así, esa seguridad que imaginamos es algo abstracto, intangible que la mente dibuja como real, aunque no lo sea. No arregla mucho las cosas que si alguien se decide a cambiar, la sociedad, el establishment, le aparta y le desplaza por ir contracorriente ( y esa situación sí que es una inseguridad objetiva: las personas no quieren ser distintas y cuando un@ se separa del rebaño, se autoafirman yendo en su contra). Las personas buscan en el grupo más seguridad evocando a la tribu y su saber grupal (Yo soy el grupo) al que pueden llegar a tildar de universal (Yo soy el mundo) con lo que cierran la posibilidad de aprender, prefiriendo lo malo conocido, a lo bueno por conocer. El destierro ha sido durante miles de años uno de los peores castigos.
  2. Otra de las razones es que el vivir en el que estamos inmersos no es más que una maraña de “verdades supuestas” sobre una telaraña difusa de aceptaciones del entorno. Esas verdades supuestas se convierten por la mente en realidades ciertas. Por ejemplo, soy abogado. La única realidad es que tengo un título y un entrenamiento además de la práctica diaria. Sin embargo, resulta una fabulosa maraña de situaciones y actividades alrededor a los que damos carta de realidad y como tal de mucha importancia como: mi prestigio, mi grupo, mi calificación, mi status, el respeto que genero, el sentirme mejor que fulano y mengana, etc. Toda esa maquinaria social y profesional que merma nuestra energía. Por otra parte, resulta fundamental el estar ocupad@.
  3. Nos hemos convertido en ejecutores de procesos mecánicos a los que también llamamos “vivir”. El cerebro que está siempre en alerta busca orden, seguridad, y lo busca a toda costa, busca estar en estado “sin peligro”. Si pierdo algún atributo de la maraña, entro en alerta para recomponerlo cuanto antes y haremos cualquier cosa por volver a la situación “sin peligro”, y muchas de esas acciones se realizan sin adecuarnos a la realidad. Huelga decir que esa situación es ilusoria: no existe la seguridad total. El desorden está siempre agazapado, no tiene prisa. Pero no lo vemos ni queremos ver estando como estamos en la maraña diaria… De ahí que en estos días aparezcan Mesías que nos ofrecen orden total: música celestial para nuestro cerebro. El cerebro siempre está en lo peor. ¿qué pasaría mañana si todo se viniera abajo? La misma urgencia dota al pensamiento de mayor viveza y realidad, colándose como un hecho que el Mesías nos dará estabilidad y un mejor mañana. Está claro que solo en el caldo del desorden surge la necesidad de orden total. Es decir: los mesías solo se promueve en desorden, en el caos. Normalmente los mesías vienen de la tradición y no aportan nada nuevo, no cambian nada, aplican lo que en otros momentos aplicaron otros y no tienen una mentalidad a largo, con hacerse con el poder les basta. Lo que en sí mismo no es malo, si lo lograran por medios legales y si fuéramos capaces de analizarlo convenientemente y aprovechar las áreas de conflicto para mejorar. Pero el hecho es que si no somos capaces de suspender todo lo que somos (mi profesión, mi partido, mi coche, mi puesto: es decir todo lo que nos ha traído aquí, repetiremos una y otra vez lo mismo.
  4. Deberíamos esforzarnos por ver la realidad tal cual es. Esta es una de las bases para cualquier toma de contacto con una situación, un proyecto o un problema. Para ello tratar adecuadamente, el Yo y el pensamiento puede ayudar mucho. Partimos de la base de que el Yo, la conciencia del Yo es creada por el pensamiento-conocimiento. El recién nacido no tiene una conciencia del Yo. Sin embargo, partimos de la base de que el pensamiento es el Yo pensando en movimiento: yo soy esto y (entra el tiempo) debo ser aquello. En algún momento esos pensamientos toman fuerza y los transformo en mi realidad. Ejemplo: el sol, el mar, una puesta de sol, son realidades independientes del conocimiento, pero si incluyo el factor del Yo, ya estoy interrelacionando con el pensar y generando mi realidad. El pensamiento ha creado el Mi, el Yo pero es éste el que va generando con “realidades” la ilusión contraria, el Yo es preeminente. Y genera esa corriente de pensamientos que se van retroalimentando y ganando importancia. Para más inri cuando el cerebro encuentra algún obstáculo, más importante se vuelve retornar a la normalidad, a lo que ya conoce como suyo, como el Yo: “es un problema importante y es real, amerita mas pensamiento”. Y toda esa avalancha de pensamientos es lo que mantiene al cerebro ocupado. La pregunta es: ¿es consciente el pensamiento, de toda esa incesante actividad, de todo el caos que ha creado, el desorden actual, por esa ilusión del Yo?  Si es capaz de verlo, no yo de ver que el pensamiento funciona así, sino el pensamiento mismo (mediante la meditación por ejemplo) habremos abierto una brecha importante para el cambio y la resolución de conflictos. Nadie puede imponer a otro nada, no hay una sola manera de hacer las cosas y queremos saber cual es la acción correcta en la vida. De momento podemos apoyarnos en las oportunidades que nos brinda el conflicto para despojarnos de todos los fragmentos que “somos”  (yo español, ellos marroquíes; ellos chinos; mi nación, mi religión, mi líder; mis libros, mi familia, mi profesión) y comenzar a dialogar sobre lo que realmente nos mueve en integrarlo con lo que mueve a otros.
  5. Es posible salir del desorden generado por nosotros mismos si soltamos nuestro ego (inmerso en el caos que vivimos), nuestras tradiciones (entendidas como todo el conocimiento bloqueante del que dispongo) y estamos atentos a lo que surja, a lo que emerja. No hace falta echarse en brazos del nuevo gurú, del nuevo salvapatrias. Cada uno de nosotros tiene la solución en su interior. Piensa por ti mismo. A solas[1]. Y después sal al mundo, muévete y descubre otras cosas que harán posible una mejor relación entre nosotros. Nos va la vida en ello.

Si estás interesado en el contenido, puedes enviarme un correo a: tu-eres-el-cambio@lambrich.es

[1] Alone en inglés significa, all in one. Buscar en tu interior no te aisla, al revés te abre al mundo.

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